sábado, 28 de febrero de 2015

Weeble, libros para la imaginación


Libros educativos gratuitos


Hola, mirad la reseña tan chula que nos han escrito en la web de la Innovación Social. Muchas gracias amigos Emoticono smile

http://www.innovasocial.com/…/weeble-libros-para-imaginaci…/


lunes, 23 de febrero de 2015

domingo, 25 de enero de 2015

Tú eres mi vida


Su imagen es triste
es como la ensoñación de los deseos
como navegar en un río contracorriente
donde la vida está arriba
pero los miedos te hunden,
sin compasión
te arrastra hasta el final.


by Niguel Angel Reche
 
 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Será para bien: más que un deseo

Un buen rey tenía como amigo y consejero a su primer ministro que era sufí. Era un sufí tranquilo y sabio que le ayudaba en lo que sabía y podía. Este ministro y consejero solía utilizar la expresión “será para bien” y lo más probable era que siempre acertara, sabía cuando hablar y qué decir…

Aunque un buen día el rey, pelando una manzana, cometió un error de corte y se cortó y amputó su dedo pulgar. Se lanzó a gritar y con los ojos desorbitados miró a su ministro. El sufí bastante sereno le miró y dijo: “Será para bien”.

El rey se airó todavía más y le gritó: Sólo por el aprecio que te tengo no te mando cortar la cabeza, pero te voy a encarcelar por decirme semejante tontería: ¿Cómo será para bien si perdí mi dedo?
El ministro mientras era apresado y llevado a prisión miró al rey y dijo de nuevo: “Será para bien”
El rey pensó: “Vaya sufí loco que piensa que será para bien que lo meta en prisión”.

Pasado un tiempo unos enemigos del rey dominaron y conquistaron sus tierras y se apoderaron de su palacio, lo apresaron y decidieron quemarlo en sacrificio a sus dioses por haberles dejado ganar a éste rey. Así organizaron un gran mástil al que ataron al rey con cuerdas y le pusieron paja en la base para quemarlo vivo. Cuando uno de ellos exclamó: ¡No podemos quemarle y sacrificarlo a nuestros dioses, le falta un dedo, está incompleto, sería una ofensa para los dioses! Otro exclamó: “Busquemos pues, al primer ministro”.

Buscaron y buscaron pero nadie imaginaba que el primer ministro estaba en prisión por castigo y orden del rey; así que no pudieron quemarlo tampoco a él.

Pasados unos meses, unos aliados del rey de paises vecinos lucharon, expulsaron y vencieron a sus enemigos y ayudaron a devolver al rey su poder, su trono y sus tierras.

El rey, una vez libre y con poder otra vez, lo primero que quiso fue hablar con el primer ministro para comunicarle que tuvo razón y lo quería premiar por su sabiduría. Una vez ante él, el rey dijo: “Tuvísteis razón mi buen amigo, ministro y consejero. Fue para bien que me amputé el dedo. Por ese motivo no me quemaron, si no ahora estaría muerto, y fue para bien que te encarcelase, si no te habrían matado a ti. ¡Quiero darte riquezas y tesoros por haber sido tan sabio!“

El sufí le dijo: “Todo este tiempo en la cárcel me sirvió para reflexionar y llegué a la conclusión de que ya soy un anciano y quiero dejar la vida de palacio. Deseo dedicar todo el tiempo que me quede, antes de morir, a meditar y cultivar mi espiritualidad como ermitaño en los bosques, en contacto más íntimo con la naturaleza”.
El rey miró a su ministro, y ésta vez el rey contestó: “Será para bien”. El sufí le devolvió la mirada, sonrió y dijo: “Veo que habéis aprendido la lección querido amigo”. Le despidió y se alejó paseando tranquilamente hasta desaparecer por entre los árboles.
 
 

jueves, 20 de noviembre de 2014

SABER LEER. SABER ESCUCHAR.

LA DISTANCIA MÁS CORTA ENTRE EL HOMBRE Y SU VERDAD ES UN CUENTO.

SABER LEER. SABER ESCUCHAR.
(Marcel Ossandón N.).

Mi Abuelo era un gran aficionado a la lectura, poseía una biblioteca con una cantidad innumerable de libros, volúmenes y artículos, en la cual se podían encontrar todo tipo de materias, y constituía para él un tesoro invaluable más allá de lo material. Pasaba muchas horas tanto en la lectura como en ordenamiento de tantos libros que la contenían. Cuando yo era pequeño mis visitas a su casa no eran muy frecuentes, sin embargo me encantaba aprovechar ese tiempo acompañándolo en su biblioteca cuando se podía.
Él decía “Un libro, es un recipiente de conocimiento que puede ser utilizado de diferente manera”. “Imagina que cada uno de estos volúmenes es para que te los comas, para que ingieras y te nutras de su contenido”…“Lo más importante en nuestra vida es saber leer”. 


Todo lo que mi abuelo decía me sorprendía; no comprendía cómo es posible una comida de tal naturaleza. Además que pensaba en la injusticia tal de aquellos que no sabían leer o se encontraban imposibilitados de un aprendizaje para la lectura. Mi abuelo veía mi asombro y me decía: “Así como son las cosas, en los mismos libros, nada es tan absoluto y preciso en la vida misma”. “Todo lo que contienen estos volúmenes es relativo, y su comprensión hasta en lo más básico dependerá de muchas circunstancias”. “Por ello el orden que le he dado a mi biblioteca no lo encontrarás en ninguna otra”. 


En efecto, él le daba a su biblioteca un orden especial a los volúmenes, que solo él comprendía, aparentemente no era un orden “lógico” ni estructurado a modo de clasificaciones establecidas. Yo solo podía entender el orden que le daba, como en grupos de acuerdo a su “contenido” y considerados por él así, unos como meramente informativos, otros igualmente informativos pero teñidos de subjetividad, como él entendía esto, y otros definitivamente “objetivos” para él y que gozaban de un espacio especial en su biblioteca. Y en ese orden incomprensible para mi en su significado, el grupo que él llamaba “objetivos” incluía obras tales como el Quijote de la Mancha, la Divina Comedia, las novelas de Shakespeare y Poe, junto con el Bhagavad Gita, la Biblia, el Corán y los cuentos de nasrudin, Cortázar y Christian Andersen… por decir algunos, ya que además se encontraban todo tipo de artículos e incluso recortes de diarios santiaguinos de diferente época. 


Debo señalar que no me cabe duda que los “eruditos” lingüísticos y gramaticales de nuestros tiempos lo tildarían de ignorante, por tal incomprensible “ordenamiento”. El se refería a ese grupo de su biblioteca como la “sección de cuentos”. Me decía: “Sí, así es, todos estos son cuentos, pero primero se tiene que aprender a leer para separar los “cuentos”, que son los relatos verdaderamente objetivos”. 


En una oportunidad, le pregunté: “abuelo, ¿Qué es saber leer?” “¿Cómo puedo aprender a leer bien?”...
Me dijo: “Para saber leer bien, debes saber escuchar bien” “cuando lees debes silenciarte, necesariamente necesitas tu silencio para “escuchar” lo que un verdadero cuento te dice”…
“Abuelo… y que me dice un cuento”… pregunté,
Mi abuelo me miró fijamente y dijo: “el cuento es un relato tan bien estructurado y con “substancia” que puede ser el relato de ti mismo y de tu vida, es un lenguaje mágico para que te veas”.


“Pero abuelo”, respondí. “Como puedes decirme que mi vida es como un cuento. ¿Que acaso puedo ser un gran héroe o un príncipe convertido en sapo? … ¿Qué debo encontrar en los cuentos?”… “eso no te lo puedo decir”, respondió, “eso haz de “escucharlo” por ti mismo, más con el corazón que con la cabeza. Solo te puedo decir lo que con ellos pude comprender y aprender: “LA DISTANCIA MÁS CORTA ENTRE EL HOMBRE Y SU VERDAD ES UN CUENTO.”. 


Si pudiéramos mirar imparcialmente nuestra vida, sería un cuento más en su contenido, pero su lectura acarrearía ineludiblemente la comprensión de que ha sido un cuento. Mi abuelo tenía claro lo que era un cuento, y su ordenamiento totalmente único de su “biblioteca” fue el resultado de su capacidad de “saber leer”. Un “saber leer” que él empleaba en todo, ya que consideraba la vida misma como el Gran Libro de cual se nutria momento a momento.