Soy Miguel Angel Reche autor de Retales versales, por el camino del corazón escribo poesías y versos a retales. Si quieres editar, publicar o reproducir mis versos o poemas, contacta conmigo: reche2@yahoo.es o 655090215. Reservados todos los derechos de mi obra.
Érase
la época del rey taifa de Sevilla Al Mutamid, quien reinó de 1069 a 1090. El rey poeta, el
rey culto al que todos los sevillanos querían, se iba a enamorar de una
esclava.
Paseaban una tarde el rey Al
Mutamid y su gran amigo y mano derecha, Aben Amar. Contemplaba el
rey la belleza del río impresionado por el aspecto que le imprimía el viento.
Se sintió inspirado y recitó unos versos con la intención de que Aben Amar los
continuara:
«La
brisa convierte al río
en
una cota de malla.»
Continuaron su paseo mientras Aben
Amar trataba de responder con otros versos, pero su mente estaba en
blanco y las palabras eran incapaces de salir de su boca. Al Mutamid
insistió volviendo a repetir la misma frase:
«La
brisa convierte al río
en
una cota de malla.»
En ese instante escucharon una voz
femenina que venía de sus espaldas y que respondía con presteza y
elocuencia a las palabras del rey taifa:
«Mejor
cota no se halla
como
la congele el frío.»
Al Mutamid se quedó sorprendido y
sintió un auténtico flechazo por esa chiquilla que marchaba descalza
acompañando a su burro. Le ordenó a Aben Amar que la siguiera, que la
encontrara y que la trajera a palacio para tomarla como esposa.
Aben Amar la siguió y descubrió que
esta bella joven se llamaba Itimad, aunque tenía el sobrenombre de Romaiquía
porque era la esclava de un hacedor de tejas de Triana llamado
Romaiq.
Aben Amar negoció la compra de
Itimad con Romaiq pero este se la regaló al rey aduciendo que era una chica
perezosa y soñadora y no hacía bien su trabajo.
Tras llegar a palacio, Itimad
cayó enamorada de Al Mutamid del mismo modo en que éste se enamoró de ella.
Fue un amor desmedido, romántico y apasionado. Ambos compartían el gusto por la
poesía y las letras y Al Mutamid no tomó a ninguna otra esposa, aun
permitiéndoselo su religión.
Era también conocido lo
complaciente que era el rey con Itimad. Cuenta la leyenda que un día él
encontró llorando a su esposa y al preguntarle qué le pasaba esta contestó que
echaba mucho de menos el tacto del barro que usaba para hacer las tejas en el
taller de Romaiq.
El rey no se lo pensó dos veces y, a
la mañana siguiente, llenó uno de los patios de su palacio musulmán con una
gran cantidad de barro y una mezcla de especias (almizcle, clavo, etc.) que le
daban un olor irresistible. Itimad pasó todo el día jugando con sus sirvientas
y riendo como una niña.
Pero, como ocurre siempre, lo bueno
se acaba. El fin del reinado de Al Mutamid tuvo lugar cuando,
sintiéndose amenazado por la expansión del Alfonso VI de León, pide ayuda a los
almorávides, quienes no sólo combatirían a los cristianos sino que irían
conquistando los distintos reinos taifas.
El emir Yusuf gobernó en las
ciudades de Al Andalus y desterró a Al Mutamid y a su esposa Itimad a Agmat en
las inmediaciones de Marrakech.
Dice también la memoria popular que
mientras navegaban el río Guadalquivir, Al Mutamid e Itimad eran despedidos
entre lágrimas por los sevillanos.
En su destierro vivieron en
la pobreza a la que la Romaiquía estuvo acostumbrada en su juventud, pero la
llama de su amor nunca se apagó. Las tumbas de ambos y de uno de sus hijos se
encuentran en Agmat, donde su historia ha sobrevivido al paso de los siglos.
¿Quién pudo enviar un telegrama el 6 de agosto de 1934 desde San Juan de Aznalfarache al mismísimo Adolf Hitler
ordenándole la clausura de los campos de concentración? Este episodio
histórico, verídico y documentado, es tan insólito como la vida de su
protagonista: Otto Engelhardt, una figura que fue clave para la Sevilla de la primera mitad del siglo XX, pero sobre la que cayó una pesada losa de olvido el 14 de septiembre de 1936, día en el que fue fusilado.
El personaje es de película. Tal es el potencial de su historia que ha sido ya llevada al cine a través de un largometraje documental de Ricardo Barby
con material, sin duda, para hacer no sólo una película, sino toda una
serie. Un trabajo que se presentará el próximo domingo en el Festival de cine de Braunschweig, cosas del destino, la ciudad donde nació Engelhardt. Y que ha permitido, además, arrojar luz sobre la vida de este alemán de nacimiento y sevillano de corazón.
Relatos que han sido un misterio hasta hace muy pocos
años para su propia familia. "Mi abuela Teresa, que era su nuera, era
quien reunía a los pequeños de la familia y nos contaba muchas
historias, pero yo era muy pequeña, lo que sé me lo transmitió mi
hermano Conrado", comenta Ruth Engelhardt, bisniesta del alemán, cuyo
retrato vestido de cónsul ha presidido siempre su salón familiar. Hasta
hace una década ni siquiera era capaz de distinguir qué había de verdad y leyenda
en esos relatos. "Empecé a reconstruir la historia desde el final,
desde su fusilamiento en el 36", apunta, explicando que fue el contacto
con una asociación de memoria histórica quien la animó a escribir el primer microrrelato sobre su bisabuelo.
Cuando hace ya tres años el equipo del documental empezó a
trabajar en él, sólo había trascendido que Otto Engelhardt había sido
un alemán fusilado en el 36 en Sevilla por sus críticas al nazismo y poco más. Y en ese contexto se produjo el encuentro con la familia y el historiador Carlos Font,
los únicos que, por separado, habían indagado en la figura del alemán.
Todos han participado en la cinta que, sin pretenderlo, ha logrado ir
borrando lagunas históricas gracias a un arduo trabajo de investigación
por los distintos archivos europeos que sigue produciendo nuevas revelaciones y sacando a la luz documentos insólitos.
Hay que hacer una elipsis para conocer bien la historia. Sevilla, 1894. Un ingeniero que trabajaba para AEG, la compañía eléctrica alemana, llega a la ciudad con el encargo de crear la Compañía Sevillana de Electricidad, fundada con capital germano. Otto Engelhardt fue el primer director de dicha empresa, hoy absorbida por Endesa. Un gestor de éxito
que impuso una estrategia que multiplicó por cinco el crecimiento de la
compañía en pocos años y que gozaba de la gratitud de sus propios
empleados. La prueba, que existe, es un libro de firmas que le regalaron en 1910 sus empleados, uno de los escasos documentos que hacen referencia a él en la actual empresa.
Este alemán trajo a Sevilla el alumbrado público y la electrificación del transporte en una época en la que el tranvía era tirado por mulas. Este segundo cargo le valió el apodo popular de Otto el de los tranvías.
"Era un personaje querido y nos gusta recordar que trajo la modernidad a esta ciudad", apunta su bisnieta mientras enseña la Medalla de Isabel la Católica
que le entregó Alfonso XIII cuando engalanó un coche y tres jardineras
del tranvía para recaudar fondos para los heridos en Melilla durante la
guerra del Rif, en 1909.
El gobierno alemán cuidó a su súbdito y en 1903 el káiser Guillermo II lo nombró cónsul honorario del Imperio Alemán en Sevilla,
donde participaba muy activamente de la vida social. Su bisnieta guarda
en su casa con celo el uniforme que lucía como diplomático. "Era un
puesto simbólico, no de carrera, pero el cónsul Engelhardt vivió el
cataclismo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el embajador alemán en Madrid, el Conde de Rattibor, lo reclutó para el servicio de información
alemán en Andalucía aprovechando su red de contactos, su posición
económica y su buen nombre", explica Font que, entre sus hallazgos como
investigador, cuenta con anotaciones de los pagos que Engelhardt hacía a
empresarios, periodistas y otros destacados personajes de la época.
Los aliados también vigilaron al cónsul,
que fue acosado en esta etapa y que ya se reveló como un personaje
libre y comprometido, según un episodio confirmado a raíz de una carta que envió al presidente de la República alemana en 1929,
el mariscal Hindenburg, donde critica al Gobieno alemán y le reclama
los servicios que él había prestado como informante, sacando a relucir
una anécdota con un submarino, otro dato histórico
insólito. "Un capitán de la Marina Imperial alemana llevó al consulado
alemán en Sevilla una serie de bombas pesadas y cartuchos de dinamita
con la intención de lograr la aquiescencia del consulado alemán para
atentar contra los barcos españoles que salieran del puerto de Sevilla",
relata Font. La discusión fue de alto calibre y Engelhardt, tras la
bronca, se deshizo de los explosivos tirándolos en un punto
indeterminado del Guadalquivir, por Gelves al parecer. "Si ese episodio
hubiese prosperado, ¿cómo habría afectado a la neutralidad española?",
se preguntan hoy sus familiares.
Otto entendía que su papel de cónsul era para misiones de paz, no de guerra.
Su valentía queda fuera de toda duda, aunque hay historiadores que
apuntan que su cargo de cónsul honorario facilitaba esa libertad que no
todos tenían en esos momentos.
A partir de esa fecha, los desencuentros con el gobierno alemán cada
vez eran más evidentes. Los aliados también lo acosaron y
desprestigiaron hasta conseguir que dimitiera de sus cargos, también
como director de Sevillana, en 1919.
El final de la guerra también supuso la ruina para Engelhardt que, como buen emprendedor que había demostrado ser, se reinventó y fundó unos laboratorios farmacéuticos en San Juan de Aznalfarache: Sanavida, nombre que resuena en el subconsciente de los sevillanos cuando se explica que, entre otros productos, fabricaba el Ceregumil
y otros vigorizantes. Font ha encontrado en los archivos fotografías
donde el alemán posa en un stand para promocionar sus productos en la Exposición del 29.
Engelhardt había sufrido un gran desengaño con su país y no lo ocultaba. Esto lo llevó a transformarse en un hombre de talante liberal, pacifista convencido y republicano, comenta Font, convencido de que el alemán encontró en España lo que no vio en la antigua república alemana y de ahí su fervor por la II República española.
Es paradójico cómo algunos escritos del alemán acaban con un ¡Viva España! Se comprueba en su autobiografía Adiós Alemania (1934), de la que se conserva un facsímil actualmente depositado en el Archivo General de Andalucía en
la que declara: "Como España es el primer país que en su Constitución
republicana se afrenta contra el crimen de la guerra, exclamo con todo
corazón, ¡Viva España!".
Otto Engelhardt llegó a devolver las muchas condecoraciones y medallas concedidas por el Gobierno alemán y en 1932 obtuvo la nacionalidad española,
un año antes que de Hitler fuera nombrado canciller. Ya vivía en Villa
Chaboya, que, pronto, se convirtió en objetivo del espionaje porque el
ingeniero alemán no dudó en combatir con fuerza desde el primer momento
al nazismo.
El ex cónsul empezó a publicar artículos en la prensa de la época, muchos en El Liberal dirigido por José Laguillo,en los que sin rubor llega incluso a caricaturizar al führer. En uno de los artículos escritos en este diario el 15 de octubre de 1932, titulado La Dictadura en Alemania,
concluye: "Gracias a Dios que vivo ahora como ciudadano español, bajo
la protección de un Gobierno que está tan lejos del fascismo como yo de
Hitler y sus príncipes. ¡No dejo de amar a mi Alemania y deseo para ella
de corazón que vengan pronto días felices sin Hitler, sin barones y
príncipes; días republicanos de verdad..." Engelhardt fue uno de los
primeros en ver los peligros del nazismo, pero no de lo que llegaría
luego a España después de la II República.
La investigación ha permitido también localizar anuncios
en la prensa donde Otto ofrecía su casa a los alemanes necesitados de
exilio. Su faceta de pacifista se refuerza con la aparición de
documentos que lo señalan como impulsor de una iniciativa ciudadana "Pro Sevilla, ciudad de la contraguerra" en 1932.
Otra anécdota que recuerda su nieto Conrado y que recoge
su personalidad rebelde se sitúa en una de las visitas que el Gran
Zeppelin hizo a Sevilla. Mandó ondear en Villa Chaboya la bandera republicana alemana y con un megáfono gritó a su paso "¡Abajo el gobierno fascista alemán!".
La citada autobiografía, Adiós Alemania, lleva como subtítulo "con sus
barones y fascistas". Su provocación máxima fue cuando dirigió un telegrama urgente a Hitler,
con fecha de 6 de agosto de 1934, ordenándole la clausura de los campos
de concentración. El excepcional documento fue localizado por el
historiador Carlos Font dos días antes de concluir el rodaje del
documental. No satisfecho, dio un paso más y, dispuesto a denunciar ante
todo el mundo los métodos nazis, en 1935 dirige de nuevo una carta extensa a "Herr Adolf Hitler, Führer del pueblo alemán", que es toda una declaración a favor de los derechos humanos.
Todos estos documentos, al igual que las fotografías cedidas por la familia serán depositados en breve en el Archivo General de Andalucía
con la intención de crear un fondo que pueda ser consultado por todos
los investigadores, una opción que permitirá arrojar de seguro nuevos
datos sobre el personaje.
Tras comenzar la Guerra Civil española, fue ingresado por una flebitis en el Hospital de las Cinco Llagas:
sala San Cosme, cama número 37, según se recoge en la documentación. En
la que es hoy la actual sede del Parlamento andaluz, en uno de sus
patios, se repuso el año pasado una placa que en su día lució en la sala
San José, hoy ya no existe, en agradecimiento al alemán por sus
donaciones.
Otto Engelhardt recibió el alta el 12 de septiembre de
1936 de manera repentina, pues seguía enfermo, y tras ser detenido y
retenido, en aplicación del bando de guerra del general Queipo de Llano,
en la Delegación de Orden Público, fue fusilado el 14 de septiembre de 1936,
se cree que en el Cementerio de San Fernando de Sevilla. Su cadáver,
como el de otras víctimas de la Guerra Civil, reposa en una fosa común.Tenía 70 años y su oposición al nazismo le costó la vida.
Otto se había casado en Sevilla en segundas nupcias con Mercedes Granados (su primera mujer, Ana Holtz, no tuvo un final feliz), que tuvo tuvo que convivir con registros de la Gestapo y hasta con los soldados alemanes de la Legión Condor
que se alojaron en su casa, según relata el historiador Carlos Font.
Conrado Engeldhart, el padre de Ruth y nieto del ingeniero que desafió a
Hitler, era un niño de muy corta edad cuando se sucedieron estos
acontecimientos que lo marcaron. "Mi padre vivió registros, oía los
fusilamientos a veces desde su casa y tuvo que hacer la comunión a las
siete de la mañana por ser nieto de rojo", comenta Ruth.
En
la familia Engelhardt se cuenta que Mercedes guardaba una botella de
champán para cuando cayese Franco, pero murió antes. Y se hizo un silencio que se ha roto siete
u ocho décadas después. "Y ahora no vamos a parar", añade Ruth
mostrando la declaración de reparación y reconocimiento personal que le
entregó a la familia el Ministerio de Justicia en 2011
tras acreditar que Otto Engelhardt sufrió persecución y violencia por
razones políticas e ideológicas y fue injustamente ejecutado. "Hay cosas
que no se pueden olvidar, no es resentimiento, es que somos muchas
familias las que intentamos rescatar del olvido a nuestros seres
queridos, asesinados por el terror, por un sinsentido", comenta Ruth
convencida de que el tema de la recuperación de la memoria histórica se
entiende mejor en Alemania que en España.
En tierras germanas se presentará la semana que viene el documental de Ricardo Barby, que se estrenó en primavera en San Juan de Aznalfarache y que ahora irá al festival de cine de Braunschweig (en
el de cine europeo de Sevilla, que concluye estos días, no ha tenido
cabida para pesar de sus autores). Días antes lo hará en el Festival de Zaragoza y antes de que acabe noviembre en Montaverner (Valencia). Entre enero y febrero la cinta se pasará por festivales en México y Venezuela. Y se espera que Canal Sur,
que ha colaborado en la producción y tiene los derechos, emita el
documental antes de que finalice el año. El mejor altavoz para una
historia que aún tiene mucho por descubrir.