lunes, 2 de marzo de 2015

EL SUICIDIO Y EL CANTO de Sayd Bahodín Majruh




Anoche estaba junto a mi amante, ¡oh velada de amor
que nunca volverá!
Como un cascabel, con todas mis joyas, estuve
tintineando en sus brazos hasta bien entrada la noche.


¡Oh, Dios mío! Me envías de nuevo la noche oscura.
Y de nuevo tiemblo de la cabeza a los pies, pues debo
entrar en el lecho que odio.


A tu lado soy hermosa, boca tendida, brazos abiertos.
Y tú, como un cobarde, te dejas mecer por el sueño.


Si buscas el calor de mis brazos, debes arriesgar
la vida,
pero si estimas tu cabeza, abraza el polvo en vez
del amor.



En los valles agfanos y en los campos de refugiados de Paquistán, las mujeres pastún improvisan cantos de gran intensidad y fulgurante violencia: los landays (breves). Esta forma poética limitada a dos versos crea una instantánea de emoción, apenas un grito, un furor, una puñalada en el pecho. Estos poemas, dotados de un marcado ritmo interno, hablan de amor, honor y muerte, y, valiéndose de estos temas, de rebeldía siempre. Sin duda, nunca un canto tan breve reveló tanto de la inhumana condición de la mujer y de la orpesión que la reduce al estado de objeto doméstico y la somete al códico pueril de los hombres. Privada de libertad y vejada en sus deseos y su cuerpo, a la mujer pastún no le queda otra salida posible que el suicidio o el canto...






Sayd Bahodín Majruh

Nacido en Afganistán en 1928 y asesinado en Peshawar (Paquistán) en 1988, se doctoró en filosofía en la Universidad de Montpellier, fue decano de la facultad de Letras de Kabulo y gobernador de la provincia de Kapiça. Tras la invasión soviética de Afganistán se exilió en Peshawar, donde fundó el Centro afgano de información, que difundió por el mundo entero reportajes y análisis sobre la resistencia. 

Es autor de una extensa epopeya, Ego-Mostruo, la obra poética más importante de la literatura afgana del siglo XX. 

Heredero de Omar Jayyam, Sana'i y Rumi, pero también de Montaigne y Diderot, Sayd Bahodín Majruh poseía un perfil de humanista irreductible, que trata de transmitir André Velter en su posfacio titulado "El explorador de medianoche".


El suicidio y el canto
Autor: Sayd Bahodin Majruh
Ediciones del oriente y del mediterráneo


sábado, 28 de febrero de 2015

Weeble, libros para la imaginación


Libros educativos gratuitos


Hola, mirad la reseña tan chula que nos han escrito en la web de la Innovación Social. Muchas gracias amigos Emoticono smile

http://www.innovasocial.com/…/weeble-libros-para-imaginaci…/


lunes, 23 de febrero de 2015

domingo, 25 de enero de 2015

Tú eres mi vida


Su imagen es triste
es como la ensoñación de los deseos
como navegar en un río contracorriente
donde la vida está arriba
pero los miedos te hunden,
sin compasión
te arrastra hasta el final.


by Niguel Angel Reche
 
 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Será para bien: más que un deseo

Un buen rey tenía como amigo y consejero a su primer ministro que era sufí. Era un sufí tranquilo y sabio que le ayudaba en lo que sabía y podía. Este ministro y consejero solía utilizar la expresión “será para bien” y lo más probable era que siempre acertara, sabía cuando hablar y qué decir…

Aunque un buen día el rey, pelando una manzana, cometió un error de corte y se cortó y amputó su dedo pulgar. Se lanzó a gritar y con los ojos desorbitados miró a su ministro. El sufí bastante sereno le miró y dijo: “Será para bien”.

El rey se airó todavía más y le gritó: Sólo por el aprecio que te tengo no te mando cortar la cabeza, pero te voy a encarcelar por decirme semejante tontería: ¿Cómo será para bien si perdí mi dedo?
El ministro mientras era apresado y llevado a prisión miró al rey y dijo de nuevo: “Será para bien”
El rey pensó: “Vaya sufí loco que piensa que será para bien que lo meta en prisión”.

Pasado un tiempo unos enemigos del rey dominaron y conquistaron sus tierras y se apoderaron de su palacio, lo apresaron y decidieron quemarlo en sacrificio a sus dioses por haberles dejado ganar a éste rey. Así organizaron un gran mástil al que ataron al rey con cuerdas y le pusieron paja en la base para quemarlo vivo. Cuando uno de ellos exclamó: ¡No podemos quemarle y sacrificarlo a nuestros dioses, le falta un dedo, está incompleto, sería una ofensa para los dioses! Otro exclamó: “Busquemos pues, al primer ministro”.

Buscaron y buscaron pero nadie imaginaba que el primer ministro estaba en prisión por castigo y orden del rey; así que no pudieron quemarlo tampoco a él.

Pasados unos meses, unos aliados del rey de paises vecinos lucharon, expulsaron y vencieron a sus enemigos y ayudaron a devolver al rey su poder, su trono y sus tierras.

El rey, una vez libre y con poder otra vez, lo primero que quiso fue hablar con el primer ministro para comunicarle que tuvo razón y lo quería premiar por su sabiduría. Una vez ante él, el rey dijo: “Tuvísteis razón mi buen amigo, ministro y consejero. Fue para bien que me amputé el dedo. Por ese motivo no me quemaron, si no ahora estaría muerto, y fue para bien que te encarcelase, si no te habrían matado a ti. ¡Quiero darte riquezas y tesoros por haber sido tan sabio!“

El sufí le dijo: “Todo este tiempo en la cárcel me sirvió para reflexionar y llegué a la conclusión de que ya soy un anciano y quiero dejar la vida de palacio. Deseo dedicar todo el tiempo que me quede, antes de morir, a meditar y cultivar mi espiritualidad como ermitaño en los bosques, en contacto más íntimo con la naturaleza”.
El rey miró a su ministro, y ésta vez el rey contestó: “Será para bien”. El sufí le devolvió la mirada, sonrió y dijo: “Veo que habéis aprendido la lección querido amigo”. Le despidió y se alejó paseando tranquilamente hasta desaparecer por entre los árboles.